domingo, 23 de septiembre de 2012

Chicas que lloran en el metro



Esta es una imagen que se me ha repetido varias veces esta semana. Y es que, como en Londres todo el mundo se va moviendo de un sitio a otro en metro y todo está tan lejos, han aprendido a hacer como que no ven a la gente con la que viajan. 

El primer día vi a una chica china, recogida en un rinconcito del metro, iba con la mirada perdida, la cara relajada, pero se le iban cayendo las lágrimas por la cara. Me dio una pena impresionante, pero decidí guardar la compostura y cederle su espacio personal. No quería molestarla preguntándole qué le pasaba. Pero me hubiera gustado decirle que durante ese día me estuve acordando de ella un montón. Pensé: "Londres a veces es duro, no me extraña que haya alguien que se venga abajo de vez en cuando".

Ayer me volvió a pasar, cuando iba hacia mi entrevista vi a una chica, preciosa, maquillada y arregladita, mirando por la ventana y aguantándose las ganas de llorar. Empecé a pensar que era una imagen demasiado recurrente y decidí llamarlas cariñosamente "Las chicas que lloran en el metro".

Cuando llegué a mi entrevista del "Estudio fotográfico" resultó ser un tipo un poco friki, que decía ser un profesional del masaje erótico y me enseñó unas fotos de un antro super cutre donde pretendía que yo: a) hiciera fotos de masajes a chicas, b) participara en los masajes, c) me dejase dar un masaje para coger "confianza mutua" d) grabara películas porno y e) participara en ellas. Finalmente y después de mis múltiples negaciones en un estado total de confusión mientras tomábamos un café al lado de la estación del metro, el tipo me cogió la mano sin mi permiso y se la quité de un tirón, empezó a sonar el teléfono y era Aitor y con una mala excusa me levanté y me fui de allí.

Me sentía tan decepcionada, confusa y un poco asustada, después de haberme hecho algo de ilusiones, que aunque me había prometido ser fuerte, no decaer y ser consciente de que no iba a ser ni fácil., ni ahora mismo el encontrar trabajo de mi profesión, me pudo el desánimo. Porque después de estar de lunes a sábado levantándome a las 4:30 de la mañana y por fin tener ese día para descansar un poco al no tener el otro trabajo, había desperdiciado cuatro horas entre la ida y la vuelta, el prepararme, el buscar el sitio, el hablar con ese impresentable, de mi día libre. Y me convertí en una de las chicas que esconden la cara mientras lloran en el metro. Nadie me miró y yo lo agradecí. Pero el camino de vuelta a casa se me hizo eterno.

Hoy, después de haber ido de fiesta anoche para animarme, volver a casa y tener horas de sueño normales, estoy más animada. Me siento mejor. Tengo cuatro mails llenos de fotos para trabajar hoy, retocarlas y que me paguen por ello. Y la semana que viene seguiré trabajando. Y no pasa nada, porque nadie dijo que fuera a ser fácil, y yo me he prometido ser fuerte. Y si algo es cierto es que esta ciudad me va a enseñar mucho sobre la vida, me va a convertir en una adulta y si supero el reto Londinense, aunque sea a base de palos, entonces seré una Super Lau con todas las de la ley.

3 comentarios :

Lycia Dobleo dijo...

El estar allí ya te convierte en una Super Lau! Muchos ánimos preciosa!!! Algo bueno te ha de estar esperando en alguna parte de Londres, seguro!! Te quiero.

Lola Montiel dijo...

Animo nena!!! Que tu eres muy fuerte :).

Punkita dijo...

Va a poder, lo estás demostrando y tu lo estás viendo... y nos haces ver a todos. Te quiero :)